Miradas

Hay miradas que lo dicen todo:
Una madre a su hijo pequeño tras tirar (accidentalmente) un tarro de cristal de una estantería, en el supermercado, … el policia al delincuente cuando lo interroga por un delito que sí ha cometido, a sus ojos, … el jefe al empleado, cuando éste no está al loro de su trabajo, … el portero al defensa, cuando lo ha dejado sólo con dos delanteros y la jugada ha culminado en gol, …
 Y es que cuando las miradas hablan, no necesitamos escuchar palabra alguna. Sólo con verla (y sentirla) ya sabemos qué nos dice.
A diario, a nuestro alrededor, observamos todas estas palabras silenciosas, las oimos, nos interpelan a hacer, actuar o realizar algo concreto … y las necesitamos, mal que nos pese. Son miradas como reflejos de quienes las profesan. Cariñosas, enojosas, sarcásticas, incisivas, hirientes, … pero al fin y al cabo, miradas.
Quienes las lanzan, son personas con sus defectos y virtudes, con sus pesares y temores, con su propia fragilidad y vulnerabilidad a flor de piel, esgrimiendo su poder de persuasión o sumisión, en un ejercicio de confrontación con la realidad que le rodea. Al fin y al cabo, escondiendo en su mirar … su verdad -tal vez- inconfesada: de temor, de miedo, de debilidad, de rabia … escondiendo, lo que sólo esconde una mirada.
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